Testimonio Vocacional Héctor Andrade

Hablando con varias personas sobre mi vocación, muchas de ellas me preguntan si no me es difícil el ambiente universitario, donde todo a lo que he renunciado me está tan a la mano. “Es como ver la hamburguesa y no poder comértela” me dijo una vez un amigo.

La vida en la universidad es algo que me ha fascinado y en la que vivo en plenitud mi vocación: estar en el mundo sin ser del mundo. Más allá de estudiar, se trata de convivir en profundidad con amigos y compañeros para acercarlos a Dios. A todos, hombres y mujeres, practicantes y no creyentes: mostrarles el amor de Cristo, que es posible corresponderle y que de ahí viene la felicidad.

 

Durante este tiempo he estado apoyando en la sección de jóvenes de la universidad, dirigiendo equipos o dando dirección espiritual. Mucho ha sido también simplemente compartir con mis compañeros las presiones de la vida diaria y desde ahí vivir y enseñar a vivir la fe. He podido sacar algo de tiempo en los últimos meses para desarrollar, con algunos amigos, un proyecto de apoyo a comunidades marginadas para ayudarlas a salir de la pobreza. Con otro grupo de amigos pudimos ir a la ONU a defender la vida y la dignidad de la mujer; todavía seguimos metidos en algunos temas por ahí.

“No es no comerte esa hamburguesa –le contestaba a este amigo– es simplemente disfrutarla de forma diferente”. Es gozar del mundo con Dios, haciendo presente a la Iglesia y trabajando por construir una sociedad más humana.